Saliendo del puerto junto con el resto de barcos pensaba en el entuerto que me había metido. Voy vestido como el que va al cine, no entiendo absolutamente ni una palabra de la jerga marinera y hasta incluso noto como el resto de barcos comentan el paquete que le llama cuerdas a los cabos.

Pero a pesar de ser el último mono de la competición, de los «caza de una p… vez hijo de p…» y de las 30 castañas que me he llevado por estar en el sitio y momento equivocado en el barco, ha sido una experiencia increíble. Un trabajo en equipo en el que cada gesto y movimiento es vital para que el resto de componentes del equipo puedan hacer su trabajo. Un error y puede hacernos perder muchas posiciones y un acierto remontarlas.

He practicado todo tipo de deportes, pero nunca uno como este y aun menos en un barco con este ambientazo, donde no solo hay competitividad sino que también muchas risas y buen humor.

Con ganas de volver a navegar en el Gunter.

Jorge Tarragó

 

Gunter:
No recuerdo cuando fue mi primera vez que navegue en el Gunter. Fue hace más de una década. Sin embargo, en mi memoria soy capaz de encontrar pequeños momentos aprendiendo a navegar en el First Class 8. También recuerdo, como si fuera ayer, el duro cambio que le supuso a Pimmi pasarse al J/80. Acto del que nunca se ha arrepentido.

Admito que navego en pocas ocasiones en el Gunter ( J/80), pero debo admitir que cuando lo hago me lo paso en grande y aprendo muchísimo. Si bien es cierto, que el método de enseñanza del Gunter puede resultar moralmente doloroso ya que son muy exigentes y crueles a la hora de decirte la verdad. Sinceramente, es una cura de humildad. No hice la mili, pero seguro que se parece en algo al método de enseñanza del Gunter.

En cualquier caso, sea quien sea que vaya de tripulante en el Gunter rebosa de entusiasmo, competitividad sana y simpatía. No solo entre ellos, sino también con los competidores.

Ricardo Scherk